octubre 05, 2012

Un, dos, tres,.... locura

- Voy a matarla, y voy a hacerlo ya. De ti depende si quieres verlo o no -.

El salón en el que está es muy amplio, y barroco, lleno de decoración, una decoración puesta en más de un lugar sin ton ni son, por el mero gusto de colgar algo caro.

Cuadros, bustos, porcelana,... hace incluso menos acogedora la estancia. La luz, semi apagada, brilla de forma cálida por el reflejo de tanta pieza de colección o lujo.

En el centro, en una hermosa silla de madera con diseño modernista, está atada de forma tosca y apresurada, con cuerdas y una mordaza en la boca, Ioana Layo, mujer de Mihai Layo, importante capo de la mafia Monma, señores del crimen organizado al este del río Teluris, en la basta ciudad de Santa Clara.

Junto a la puerta hay un teléfono fijo con un cable largo. Miguel habla por este mientras anda inquieto entre el fijo y la silla en la que está la mujer, tanto como le permite el cable del teléfono. Y entre ida y venida, le golpea o le levanta la mano para aterrorizarla.

Su aspecto es lamentable, el cansancio y los rastros de peleas anteriores se reflejan en su cara, y la ropa rota y sucia parece la de un vagabundo cualquiera.

- Creo que no me comprende, Mihai: No he venido hasta aquí como un simple ladrón. Mi hija está muerta, he venido a matarle a usted, así que o viene hasta aquí ya, para complacerme, o seguirá ardiendo su vida. Comienzo a contar.... -

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