marzo 19, 2010

20 ¡Escuchen soldados!

.
Era el tercer año.

Cuando llegué a la capital estuve sobreviviendo como pude y cuando estalló la guerra, tras unos bombardeos, me acogió una familia, creyendo que mis padres habían muerto entre los escombros. Como muchos de esa familia me ofrecí a colaborar con el ejército que defendía la ciudad, y me colocaron de enlace, llevando y trayendo cartas entre los soldados.

Nunca olvidaré aquel miliciano que me disparó. Su rostro reflejaba todo el dolor y el sufrimiento de la guerra, todas las dudas, toda la incomprensión resumida en una sola mueca de dolor y en unos ojos descompuestos en lágrimas, provocados por un simple movimiento con el índice, un movimiento tan sencillo que había provocado la muerte de un niño inocente que había aparecido en plena zona del conflicto.

Fue lo primero en lo que pensé después: su cara, su postura, sus pensamientos,… Pero no era problema mío, había sido su acto. Las guerras son muerte, y los que esperan otra cosa solo mueren engañados.

- Se acercan días de cambios. – Arengaba el jefe de los soldados a un destacamento, mientras yo escuchaba, entretenido, antes de toparme con el miliciano. – Debemos aceptar lo que somos, y vivir felices y orgullosos el tiempo que nos toque vivir. No luchamos por nadie, solo por nosotros mismos, por nuestras familias, por la libertad. Sé que no es vuestro primer día, y que no será el último si lucháis con decisión, como hombres libres. Soldados, ya estamos muertos porque vivir es más que respirar, ¡no tenemos nada que perder! -
.

marzo 12, 2010

19 Respeta, pero no intervengas

.
Con el tiempo descubriría que cada uno tiene su máxima. Nadie es fijo a ella, es la esencia de todos nosotros, que somos cambiantes, pero al menos ayuda para elegir en un momento concreto. Y yo tuve muchas a lo largo de los años. Pero la que más me interesó, la que más reflexioné por ser la más comentada entre todos nosotros era la de “vive y deja vivir”.

Me gustaba pasar desapercibido, pero no siempre era posible. Había aprendido que en cuanto me hacía notar, comenzaban los problemas. Por todo lo que sucedió después parece ser que me hice notar más de la cuenta...

Un niño le robaba la cartera a un hombre, en un paseo largo que a ambos lados incorporaba sendos parques, repletos de plantas y árboles. Yo le veía a lo lejos, mientras caminaba. No sabría decirte si él se topó conmigo, o yo llegué hasta él, pero nos cruzamos como si hubiéramos tenido que hacerlo antes o después. Y como le había visto no pude resistirme a hablarle:

- No deberías robarle a la gente – le dije cuando me topé con él, desde la superioridad que me ofrecía verle mucho más pequeño, algo importante si no conoces al otro… -, si me das la cartera no se lo diré a nadie -.

- No te voy a dar nada – me respondió mientras se acercaba a mi -, y no dirás nada. Se te ve fuerte y ágil, dime, ¿lo eres? –

Yo no supe responder, me sentí extraño. Aquel niño no dejaba de mirarme a los ojos mientras se acercaba. Sentía como si solo existiesen sus ojos y los míos. Su cara mostraba concentración, pero a la vez cierto aire divertido. Después de un rato mirándome esta cambió, se volvió más seria y oscura. Aunque seguía mirándome a los ojos sentí como si hubiera dejado de hacerlo.

- Toma – me dijo tirándome la cartera -, ¿para qué la quiero pudiendo tener una propia?

Yo recogí la cartera al aire mientras seguía mirándole, sin entender. El chico, con una sonrisa burlesca, se alejó de mí

- Nos volveremos a ver, pequeño -.

Se dirigió hasta la acera, por la que iba paseando un hombre. Cuando estuvo cerca suyo aquel niño cayó al suelo como un tronco, desplomado. Algunos de los que paseaban corrieron hasta él para ver qué le había pasado.

Yo me acerqué también. Observé como el hombre al que el niño se había acercado se alejaba tranquilamente de allí, sacaba su cartera del bolsillo, observaba su contenido, y se la volvía a guardar, mientras el resto de personas intentaban reanimar al cuerpo sin vida de aquel niño, sin éxito.

Esa fue la primera vez que le vi.
.

marzo 05, 2010

18 Tenemos que hamar

.
Llovía. Avanzaba por la calle con su paraguas naranja. Vi la oportunidad perfecta para hablar con ella y salté hasta su lado.

- ¿Qué haces? – me preguntó Laura con gran desprecio.

- Oye, que llueve, déjame protegerme -.

Pese al paraguas llevaba los hombros y el pelo ligeramente mojados. Era mayor que yo, ya me entiendes, y quizás eso fue lo que provocó el rechazo por su parte. Sin embargo yo… sabes que nunca te he mentido, que te cuento todo tal cual sucedió, por eso espero que me entiendas.

- ¿Por qué no llevas tu propio paraguas? –

- Yo no uso paraguas… -.

- No uses este tampoco –.

La niña cerró su paraguas y continuó caminando bajo la lluvia, con un paso más ligero, intentando dejarme atrás. Sorprendido, la seguí.

- Soy Andrés, del colegio. Tú eres Laura, ¿no? Encantado. Estoy en la clase de… -.

- Oye, perdona que no me quede hablando aquí contigo pero, me estoy mojando. Nos vemos en el cole -.

Volví a quedarme parado, viendo como se alejaba con paso acelerado.

Es parte de todos, lo necesitamos, somos cazadores. Al principio fue por diversión, me llamaba la atención, y me propuse conseguirla.

Tenía que estar con aquella niña.
.